Bienvenidos a Once Upon a Time RPG, un foro de rol basado en la serie OUaT. Aquí encontrarás un lugar donde podrás rolear personajes de cuentos de hadas, relacionarlos con personajes de otros cuentos.

Nuestra trama es diferente a la línea que se ha estado siguiendo en la serie. No transcurre en el famoso pueblo Storybrooke, sino que nos situamos en el bosque encantado y demás mundos mágicos.


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Familiar taste of poison - Daniel Bennett

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Familiar taste of poison - Daniel Bennett

Mensaje por Invitado el Lun Sep 22, 2014 12:48 am

¿Podía alguien oír mis gritos?; ¿Darme la ayuda que necesitaba?¿ o acaso estaba solo? La maldición se había roto al fin, la fiesta eterna se había acabado y por fin, el viejo reloj de bolsillo que solía acompañarme, avanzaba más allá de las séis de la tarde. Lo saqué de mi bolsillo tan sólo por costumbre y le eché un vistazo antes de seguir pensando en el por qué de mi desdicha y de mi nueva maldición. '' Las siete y media '' hice una mueca, torciendo el rostro y casi aguantándome la risa, pese a que era un momento que estaba lejos de resultarme gracioso o de hacerme feliz '' Llegas tarde al té, amigo ''me dije a mí mismo, mientras daba un paso más, dejando que mis botas se colaran entre la espesa nieve, dificultándome el paso. ¿Qué había roto mi maldición? Quizás el tiempo me había perdonado o, quizás, alguien había acabado con el tiempo y por eso había caído la gran nevada. Sí, desconocía el por qué del estado de Wonderland y debía ser la única persona en el lugar que lo hiciera, pero todavía no había tenido el placer de hablar con nadie después de que esto ocurriera.

Recordaba estar atrapado en las fiestas del té, hacía un tiempo que los copos de nieve habían empezado a caer sobre nosotros, llevándose poco a poco todo lo que conocíamos y cubriéndolo con el blanco manto. Recordaba pensar en por qué se habían ido todos y me habían dejado solos ¿por qué ya no celebraban aquello conmigo?¿acaso no apetecía un té caliente con ese tiempo? También recordaba estar, en contadas ocasiones, a un escaso suspiro de morir congelado, pero entonces me liberé, sobreviví y ahora vagaba sin rumbo. Aquella era mi nueva maldición, sin duda alguna y tenía la impresión de que no encontraría a nadie allí que pudiera explicarme las reglas de este nuevo juego que se me escapaba de las manos; estaba yo, en mi soledad, con mi locura como única acompañante.

Con mi sombrero, una chaqueta de traje unas tallas más grande de lo que debería ser , un pantalón y unas botas como única vestimenta, sólo pasaron un par de cosas por mi mente: La primera, es que no haber celebrado el té esa tarde, me había dejado con hambre y la segunda, pero no por ella menos importante, es que iba a morir de frío, tarde o temprano y, sin alimento ni abrigo, no tenía la fuerza suficiente para hacer que el sombrero pudiera alejarme de allí, a un lugar cálido y seguro. Cabía destacar que era la única persona de hacerlo funcionar e, irónicamente, ahora no podía; los misterios de la vida.

Llegados a aquel punto, sólo me quedaba esperar; esperar a mi muerte, esperar a mi ayuda o esperar a que por arte de magia todo se desvaneciera, como si hubiera sido un sueño. En ese momento, creí que volver a mi maldición inicial no sería tan mala idea. Las piernas me flaqueaban y mi cuerpo tiritaba. Di el último paso y, cuando no pude más, me dejé caer sobre la nieve, sin embargo, cuando creí no tener más esperanzas, una silueta se dibujó en la lejanía, una silueta que parecía acercarse a mí. Luché por decir una palabra en alto, pero no lo logré, tan sólo cerré los ojos y me dejé arrastrar por el maravilloso mundo de los sueños; o más bien, por un desmayo.
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Re: Familiar taste of poison - Daniel Bennett

Mensaje por Invitado el Lun Sep 22, 2014 12:15 pm

- No te preocupes, Robert, voy a estar bien. Necesito aire fresco - me apresuré a decir mientras el mayordomo me colocaba el abrigo encima. - Pero si allá fuera hay temperaturas bajo cero, señor, no lo creo prudente - dijo con tono preocupado. - Tengo que salir de aquí, ya no aguanto estar encerrado ni un minuto más - le di una palmada en el hombro al viejo, quien asintió no muy convencido. Después de todo, mis criados sí que se preocupaban genuinamente por mí, una rara cualidad si se tomaba en cuenta para quien trabajan. Abrí la puerta de la entrada principal y una ráfaga de aire helado se coló dentro. Salí a toda prisa y la cerré de inmediato. El frío inmediatamente me hizo volver a la cruda realidad. La maldición de Hades, mi jefe, cubría ahora todos los reinos con una nevada terrible, ¡Como la odiaba! Pero era lo que había y debía aprender a vivir con ello. Dos semanas habían pasado desde mi terrible e inesperada muerte. Aquella donde un imbécil me quito la vida, pero que afortunadamente mi contrato con Hades me había ayudado a recuperarla, solo que ahora era una nueva versión mejorada de mí mismo.

Comencé a caminar en aquel sendero, con varios centímetros cubiertos de nieve. La razón por la cual decidí salir de casa era porque aquellas dos semanas en las que pase recuperándome, no había tenido tiempo de probar mis nuevas habilidades, salvo aquel día en que Katerina me dejo solo a mi suerte. Ahora estaba totalmente sano y necesitaba saber qué era capaz de hacer. ¿Pero a qué lugar iría primero? Las posibilidades eran bastantes, pero hubo uno que sobresalió. Jugué con el anillo en mis dedos, dándole vueltas e imaginando aquel lugar al que iría a visitar. Fue en ese momento que una nube color azul eléctrico comenzó a cubrirme y en un instante me encontraba ahora en otro lugar. El país de las maravillas.

- Necesito practicar bastante, aquí no es el sitio donde quería llegar - dije haciendo una mueca. Si bien había reconocido que me encontraba en aquellas tierras, ya que todo era lo contrario a lo que era, no me encontraba en el mismo lugar que la última vez que lo había visitado. Por lo tanto, estaba un poco perdido. Comencé a caminar por la densa nieve, tratando de reconocer el terreno pero era casi imposible. Algunas de las flores que cubrían ese camino tenían rostros. En otra ocasión eso me hubiese parecido extraordinario. Sin embargo, llevar dos años en aquel lugar me había hecho abrir la mente y aceptar que cualquier cosa era posible.  A diferencia de un día de verano, estas flores estaban muertas. Congeladas y sin ningún rastro de vida alguna. Y lo mismo podría pasarme a mí de no ser porque ahora era inmortal,  aunque eso no me salvaba de quedar congelado en medio de la nada.

Al dar unos cuantos pasos más pude percatarme de que algo estaba ahí delante. Tal vez era un humano. La tormenta de nieve que azotaba el lugar no me dejaba ver muy bien. Decidí seguir mi camino, aunque tuviese que pasar por encima de ese "bulto" que ahora era evidente que se trataba de un hombre tirado, moribundo. - Buena tarde para morir congelado ¿No lo cree? - pregunté descaradamente justo cuando pasaba por delante, parecía que había perdido el conocimiento. Tal vez ya estaba muerto, realmente no me importaba, así que no esperé respuesta de su parte y continué caminando.

La tormenta era cada vez más densa y las ráfagas de viento helado azotaban con mayor intensidad, debía usar mi nuevo poder para salir de ahí o terminaría convertido en paleta de hielo. Pero por desgracia, no me dio tiempo. Una corriente de aire me tomó desprevenido y me hizo retroceder un par de pasos. Traté de aferrarme a lo que fuera pero me era imposible, terminé volando por los aires hasta aterrizar sobre algo. Aquel viento se esfumó tan rápido como llego y cuando pude ver bien, me di cuenta de que era aquel hombre al cual había pasado minutos antes. Le di unas bofetadas para ver si reaccionaba. - Vaya, parece que el destino quería que nos volviésemos a encontrar - observé para ver si el hombre mostraba señales de vida. Aún seguía vivo, podía sentir su respiración ya que mi cabeza quedó sobre su pecho. Me senté a su lado cuando parecía que reaccionaba. - Puedo terminar con tu sufrimiento ahora mismo, si eso es lo que quieres. O al contrario, puedo prolongarlo. Porque supongo que eres un hombre suicida. Para atreverte a salir de casa con semejante nevada. Tal vez te guste sufrir, puedo ayudar con eso - dije mostrando una sonrisa traviesa. - ¿Qué dices? ¿Te sirve mi ayuda? - pregunté sin dejar de verle. El tipo parecía bastante extravagante y llevaba un sombrero consigo. ¿Dónde había visto eso antes?
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Re: Familiar taste of poison - Daniel Bennett

Mensaje por Invitado el Jue Sep 25, 2014 5:53 am

Una voz lejana me habló en sueños, de forma irónica, como regocijándose con mi sufrimiento '' Buena tarde para morir congelado ¿No lo cree? ''. Sentí la necesidad de responderle, pero por más que hablaba, no salían las palabras de mi boca y por más que intentaba moverme, mis músculos no reaccionaban. Es como si en aquel momento, me hubiera quedado atrapado en un mundo entre la vida y la muerte y mi cuerpo y mi espíritu se hubieran separado, negándose a funcionar en conjunto. Por si aquello fuera poco, el frío seguía calando hondo en mis huesos y pronto todo lo que era, fui o sería en un futuro, desaparecería, dando paso únicamente a la muerte. ''¡Adiós mundo cruel!'' recuerdo pensar aquello, en ese extraño sueño y, de pronto...

Sentí un peso en mi estómago, algo que me hizo reaccionar de pronto, comenzando a toser, como si aquel golpe me hubiera devuelto a la vida. Además, unos golpes en mi cara no tardaron en llegar, justo en el momento que abría los ojos. ''¡Que ya estoy despierto, joder!'', pensé, queriendo decirlo en voz alto, pero careciendo de fuerzas para hacerlo. Me moví de forma débil, observando al hombre que había caído encima de mí e intenté contestarle a la primera frase que dijo, pero de mi boca no salía una sola palabra. Aun así, mi mente ya ataba cabos y había reconocido aquel tono de voz como el mismo que me había hablado en sueños hacía sólo un minuto -como mucho. Ante mi poca muestra de reacción, el hombre siguió hablando lo que, a mí y a cualquiera, le sonaría a una clara amenaza. ¿Matarme? Acababa de salir de una maldición y justo cuando creía que iba a vivir, entraba en otra ¿Y para colmo querían matarme? — Ni lo sueñes...— dije en un susurro, de forma prácticamente inaudible.

Al menos la tensión del momento había hecho latir mi corazón con más velocidad y parecía que, aunque seguía congelándome, el frío era algo menos insoportable. Me revolví en la nieve hasta conseguir quedar sentado en esta, colocándome bien el sombrero sobre la cabeza y echándole un vistazo a aquel hombre; no lo había visto antes por Wonderland y eso me daba mala espina. ¡Los extraños siempre acababan por perjudicarnos!— Dime que no eres el idiota que ha decidido congelarnos a todos — Tosí, tiritando levemente. Si no nos íbamos de ahí pronto, tendríamos problemas.

Quizás quedaría de estúpido haciendo esa pregunta, pero teniendo en cuenta que llevaba más años de los que podía recordar sentado en una mesa bebiendo té, cualquier forma de hacer el ridículo me parecía buena con tal de no volver a ese bucle infinito.— Eres raro ¿Sabías? — le comenté, repasándole con la mirada. Quizás el extravagante o extraño, podría ser yo, pero allí, en Wonderland, todo solía ser así. De pronto comencé a reír, de la nada y sacando una energía sobre humana y renaciendo como el mismísimo ave fénix, saqué un metro de tela de mi bolsillo y me acerqué a él, rodeandole la cabeza con éste.— Necesitarás un sombrero —Susurré, alejándome y reptiendo sus medidas una y otra vez en voz baja, hasta que me callé de pronto y volví a mirarle.— ¿Tú sabes qué ha pasado aquí? ¿Por qué...? — Levanté un puñado de nieve, mostrándole a qué me refería y me quedé mirándole seriamente.
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Re: Familiar taste of poison - Daniel Bennett

Mensaje por Invitado el Jue Sep 25, 2014 8:38 pm

No pensaba quedarme toda la eternidad esperando a que el hombre decidiera que era hora de despertar de aquel sueño en el que había caído. O tal vez había perdido el conocimiento. Cualquiera que fuese la razón debía salir pronto de ahí para no terminar congelado. Para mi fortuna << o la suya >> aquel hombre comenzaba a reaccionar. << ¡Te has salvado de morir congelado gracias a mí, capullo!  >> - vaya, y yo que quería divertirme un poco - fingí una cara de indignación mientras le daba un poco de espacio, pues un minuto antes había caído sobre él. Por alguna extraña razón fui capaz de sentir sus latidos, quizá era la cercanía del momento o cualquier otra cosa, pero había pasado de estar casi muerto a entrar en un estado de excitación. Cuando se sentó sobre la fría nieve yo decidí que era mejor levantarme y así lo hice.

- ¿Responsable yo? ¡Claro que no! ¡Qué tontería! ¡Si yo odio semejante clima! Uno ya no puede ni salir a caminar tranquilamente porque se encuentra con hombres congelados por todos lados, son un estorbo - dije haciendo mención al humano que tenía delante mío. Adjudicarme aquello me parecía una ridiculez, teniendo en cuenta que no poseía tal magia o poder, ya que dos semanas atrás era un simple humano, común y corriente. Lo observé temblar, a mí me pasaba lo mismo pero lo demostraba en menor cantidad. No podía acostumbrarme a ese clima, aun cuando viví parte de mi vida en Nueva York, donde las temperaturas podían llegar a los bajo cero, pero no era lo mismo. Aquí todo era diferente, no encontrabas calefacción en cualquier casa, solo chimeneas que alimentas con madera para que funcionaran. Las amenidades eran diferentes y adaptarme todavía me costaba trabajo.

- Claro, soy raro. Lo dice quien lleva un sombrero en la cabeza y se viste de manera tan extravagante - sonreí al escuchar sus palabras. Todos en el país de las maravillas estaban locos, así que era lógico que al ver a alguien como yo, de aspecto común, todos pensaran eso. Así que no estaba tan equivocado el hombre misterioso. De la nada, aquel personaje sacó un pedazo de tela y comenzó a cubrir mi cabeza con ella. << ¿Qué demonios creía que estaba haciendo? >> estuve a punto de decir algo cuando mencionó sobre un sombrero. - Eres un loco que hace sombreros - solté sin más. Entonces abrí los ojos pues se me había ocurrido algo - ¡Eres el sombrerero loco! No lo puedo creer, por fin te conozco - sonreí algo entusiasmado. Las pruebas estaban justo en mis narices. En mis viajes a ese reino siempre tenía la esperanza de encontrarme con tan semejante personaje pintoresco, pero nunca había tenido éxito, y ahora estaba frente a mí, servido en bandeja de plata.

- Si, por supuesto que lo sé, todo el mundo lo sabe. Pero te lo diré después de que nos larguemos de aquí, que comienzo a dejar de sentir mis extremidades y eso no es bueno - era verdad, no sentía mi cuerpo y mi rostro comenzaba a arder. Como pude, lo tomé del cuello de la camiseta e imagine estar en un lugar familiar dentro de ese reino. Una nube de color azul nos cubrió e inmediatamente desaparecimos de aquel camino.

Segundos después aparecimos dentro de un castillo abandonado, uno en el que había estado con anterioridad y que ahora su dueño no se encontraba. Era perfecto. Solté su cuello y le di unas palmadas en una de sus mejillas mientras sonreía maliciosamente - ¿Te importaría ir a la cocina por algo de comida y de beber mientras enciendo la chimenea? Está por allá - dije señalando la entrada a la cocina. - Tal vez un poco de té - dije bromeando mientras caminaba hacia la enorme chimenea que cubría gran parte del salón. Los maderos estaban algo polvorientos debido a que estaba abandonado aquel castillo. Los coloqué dentro y enseguida encendí el fuego, el cual comenzó a expandirse por toda la madera. Tendríamos algo de calor.
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